sábado, 8 de junio de 2013

El origen náhuatl de la humanidad






Uno de los mitos náhuas que expresan el origen del Hombre cuenta acerca del viaje que hace Quetzalcóatl a Mictlan, al lugar de los muertos. Luego que los dioses náhuas reunidos en Teotihuacán crearon el sol y la tierra se preocuparon por quién había de habitar esta última. Entonces Quetzalcóatl viaja al Mictlan y pide a Mictlantecutli y Mictlancíhuatl, el Señor y la señora de Mictlan, los huesos de los hombres para volverlos a la vida:



Y le dijo Mictlantecutli: ¿Qué harás con ellos Quetzalcóatl?

Y una vez más dijo (Quetzalcóatl): los dioses se preocupan porque alguien viva en la tierra.

Y respondió Mictlantecutli: Está bien, haz sonar mi caracol y da vueltas cuatro veces alrededor de mi círculo precioso.

Pero su caracol no tiene agujeros; llama entonces (Quetzalcóatl) a los gusanos; estos le hicieron los agujeros y luego entran allí los abejones y la abejas y lo hacen sonar.

Al oirlo Mictlantecutli dice de nuevo: Esta bien, tómalos.

Pero, dice Mictlantecutli a sus servidores: ¡gente del Mictlan! Dioses, decid a Quetzalcóatl que los tiene que dejar.

Quetzalcóatl repuso: Pues no, de una vez me apodero de ellos.

Y dijo a su nahual: ve a decirles que vendré a dejarlos.

Pero, luego subió, cogió los huesos preciosos: Estaban juntos de un lado los huesos de hombre y juntos de otro lado los de mujer y los tomó e hizo con ellos un ato Quetzalcóatl.

Y una vez más Mictlantecutli dijo a sus servidores: Dioses, ¿De veras se lleva Quetzalcóatl los huesos preciosos? Dioses, id a hacer un hoyo.

Luego fueron a hacerlo y Quetzalcóatl cayó en el hoyo, se tropezó y lo espantaron las codornices. Cayó muerto y se esparcieron allí los huesos preciosos que mordieron y royeron las codornices.

Resucita después Quetzalcóatl, se aflige y dice a su nahual: ¿Qué haré nahual mío?

Y este le respondió: puesto que la cosa salió mal, que resulte como sea.

Los recoge, los junta, hace un lío con ellos, que luego llevó a Tamoanchan.

Y tan pronto llegó, la que se llama Quilaztli, que es Cihuacóatl, los molió y los puso después en un barreño precioso.

Quetzalcóatl sobre él se sangró su miembro. Y en seguida hicieron penitencia los dioses que se han nombrado: Apantecuhtli, Huictlolinqui, Tepanquizqui, Tlallamánac, Tzontémoc y el sexto de ellos, Quetzalcóatl.

Y dijeron: han nacido, o dioses, los macehuales (los merecidos de la penitencia).

Porque, por nosotros hicieron penitencia (los dioses).



Es digno de resaltar en este pasaje poético sobre el origen mítico del Hombre (es decir, de los macehuales, de la gente), que hay un interés en los mismos dioses por que los seres humanos existan, por que habiten la tierra. Sin embargo, también se advierte la lucha que combaten distintos dioses, Quetzalcóatl por un lado y los dioses del Mictlan por otro. Quetzalcóatl representa una faceta del Dios dual Ometéotl en que se afirma su capacidad de crear la existencia humana, por lo que también es símbolo de la sabiduría.



Luego de su intento fallido de sacar del Mictlan los huesos de los hombres, Quetzalcóatl no puede abandonar su propósito, por más transgresor que sea. Y es que este es otro atributo de Quetzalcóatl, que comparte en realidad con la raza humana: la de romper con lo establecido mediante la creatividad o invención. Entonces es cuando lleva los restos de los huesos a Tamoanchan que es también Omeyocan, el lugar del Dios de la dualidad, Ometéotl, donde se origina todo. El lugar por excelencia para crear, el lugar mítico desde donde nacen los nonatos al mundo. Allí, en un rito que refleja el proceso de la creación, Cihuacóatl (también llamada Tonantzin) y Quetzalcóatl trabajan juntos, cada uno a su manera, para producir la raza humana. Este trabajo es entendido como una “penitencia” de los dioses, por lo que los seres humanos son denominados “macehuales”, que significa “los merecidos de la penitencia”.



Así, pues, Quetzalcóatl y Tonantzin son en cierto modo los dioses fundadores de los náhuas, los padres creadores de las gentes náhuas. 


Bibliografía: 
León-Portilla, M. La filosofía náhuatl. UNAM. México. 1983.

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